Celebrando a nuestros muertos

Celebrando a nuestros muertos

Foto de portada, cortesía del Arquitecto Mejicano Guillermo De La Cajiga @guillermodelacajiga

Recuerdo aquel día que, hojeando una de las pocas revistas culturales que en la década de los 90 merodeaban por el panorama cultural colombiano, me encontré con un artículo que hablaba sobre el Día de Los Muertos en México. Hasta ese entonces mi ritual era visitar al cementerio para orar por las almas difuntas de mis abuelos maternos y luego acompañar a mi madre y mis tías a misa.  A casi 20 años de aquello, considero que ese artículo fue iniciático, ya que además de hacer despegar mi vocación por el periodismo cultural, me hizo concebir que la muerte no significa sólo deceso físico, sino  que implica un sentido práctico de cambios y nuevos ciclos, una concepción muy análoga a la de las etnias indígenas prehispánicas.

La historia del Día de los Muertos en México precede la llegada de los españoles. De la misma manera que hoy, los mejicanos celebran la fiesta entre el 28 de Octubre y el 2 de Noviembre, los indígenas lo hacían a lo largo del mes de Agosto, considerado como el noveno mes del calendario solar mejicano. Posteriormente, en el siglo XVI y tras la llegada de los conquistadores se estableció la fecha del 2 de noviembre como Día de los Fieles Difuntos, pero, el sincretismo con las culturas locales hizo que la fiesta se enriqueciera, aumentando los días de la celebración.

Actualmente, la simbología de la muerte viene representada por una calavera o Catrina, “La Dama de la Muerte”, cuyo origen se remonta a un grabado de corte político que diseñó el célebre artista José Guadalupe Posada para representar la muerte o abandono del comercio de maíz a manos de los indígenas, quienes luego se dedicaron a comercializar garbanzo.  Lo que Posada no imaginó fue que 35 años más tarde (1947), él  mismo aparecería inmortalizado del brazo de la Catrina y en compañía de Frida Kahlo en un mural  titulado: “Sueño de una tarde dominical” del pintor y muralista Diego Rivera. De ahí en adelante surge con fuerza la figura de la Catrina o calavera vestida como dama elegante, cuya etimología deriva del término “catrin”(caballero elegante).  Un símbolo que encierra, no sólo la representación de la muerte -uno de los iconos más emblemáticos de la cultura popular mejicana- sino que desdibuja la diferencia entre clases sociales, ya que, como señalaba Posada: “La muerte es democrática siendo rubia, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

Así pues, no pude desaprovechar la ocasión de investigar entre mis contactos en la mejicanos la manera como se vive una de las fiestas más importantes y representativas del país.  Y me di a la tarea de entrevistar a dos amigas que representan cada una, según sus vivencias y arraigo, el respeto y los cambios que El día De los Muertos ha sufrido en los últimos cuatro decenios. Comenzaremos por Marina Piazzi, italiana emigrada hace 41 años y residente en Ciudad de México. Respetuosa de las tradiciones de su país adoptivo, Marina aún recuerda su primera celebración: “Con una pareja de amigos, mi esposo y yo, nos aventuramos en la madrugada del 2 de noviembre a ir a un pueblito que es aún parte del Distrito Federal, Mixquic, famoso por la celebración de los muertos.  Llegamos con cámaras fotográficas.  El cementerio estaba lleno de familias que festejaban los propios difuntos, cenando sobre las tumbas, habían desfiles y fiesta, murmullo y el perfume intenso de flores y copal se sentía por todos lados. Al principio no nos sentimos a gusto, pensando que estábamos invadiendo su intimidad… en cambio nos dimos cuenta de que las dos cadenas de televisión de la época estaban presentes”.

@LillyCruz , abogada de Querétaro , orgullosa de sus tradiciones. Foto: Colección privada

Como relata Marina, Mixquic es todavía hoy un lugar donde la tradición no se ha visto comprometida frente a las exigencias comerciales, así como en Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y Janitzio, una de las Islas del Lago de Patzcuaro (Estado de Michoacán).  Lilly Cruz, abogada nacida en Querétaro y mejicana de generaciones nos explicó cómo se percibe la fiesta actualmente: “En algunos Estados como Hermosillo y Juárez los festejos se hacen con competencias de calabazas durante 2 días, en esos lugares se han perdido la tradición de nuestros ancestros. Como nosotros decimos en Michoacán: La celebración de los muertos es a la grande y si llegas haciendo relajo a un cementerio, te sacan! no eres persona bienvenida en ese lugar. Mi madre proviene de Patzcuaro y en las vacaciones nos las pasábamos con los abuelos, se vendían catrinas de dulces, pan de muertos, etc.  A mí me ha tocado estar en medio de la fiesta y en altares, donde se percibe que le estás rindiendo tributo a todas aquellas personas que se adelantaron, hay aire de fiesta y de tranquilidad. De hecho he ido con amigos en éstos días a los cementerios y he sentido ésta atmósfera”.

Ante mi idea de la tradición del altar construido en casa, tanto Lilly como Marina me hicieron caer en cuenta de que con el paso de los años, la tradición del altar se ha alejado de las viviendas, a menos que se habite en pueblos, se provenga de una familia con fuertes raíces indígenas o que haya una fuerte conexión entre respeto, tradición y arte juntos.  Los altares hoy vienen en su mayor parte elevados en panteones (cementerios), a los pies de las lápidas o en sitios de interés histórico como nos reveló Marina:  “No hacemos el altar en casa, pero hemos visitado altares históricos como el de los museos de Anahuacalli, de Diego Rivera o de la Casa Azul de Frida Kahlo.  También altares de pueblos donde hemos transcurrido días. Además, he participado en la construcción de un altar colectivo pero, no es como construir un árbol de navidad. Armarlo implica acciones e intenciones muy íntimas, y más si se conoce un ritual ya preestablecido.  Quizás tengo mucho respeto por los ritos de los demás para imitarlos en búsqueda de una puesta en escena de carácter estético”.

Altar de los Muertos. Foto Cortesía @MarinaPiazzi

Me pregunto: ¿Qué elementos componen un altar de Día de los Muertos? Primero que todo, hay que establecer que la construcción de un altar con símbolos religiosos cristianos e indígenas, es el resultado del gran sincretismo y la riqueza cultural del pueblo mejicano. En la construcción se mezclan los siguientes elementos:  Una foto del difunto, un símbolo cristiano (santos o crucifijos), catrinas en azúcar, chocolate u otros materiales, los alimentos preferidos del difunto, además de bebidas alcohólicas, agua y frutas, arcos de flores de Cempazuchitl que simbolizan la entrada al mundo de los muertos y papel picado de colores que representa el viento. Pueden ser de dos y hasta siete niveles o pisos, los inferiores representan el inframundo mientras los superiores las dimensiones celestiales. Todo matizado por el olor del copal y el vapor de las hierbas aromáticas.

Y , ¿qué sucede en Italia? El Día de los Santos Difuntos se festeja visitando los seres queridos en los cementerios, pero para quienes siguen las tradiciones más antiguas en algunas regiones de Italia, existe una ritualidad similar a la mejicana. Ayer, mientras mi hijo escuchaba hablar del post que estaba preparando, me contó del relato que hizo su maestra de matemáticas, originaria de Sardeña, isla italiana en la cual existe una tradición muy parecida a la del país Azteca. Durante la vigilia del 2 de noviembre, los sardos originarios de la Provincia de Oristano celebran la Sa Mesa, una tradición donde preparan canastas con comida, y dejan la mesa servida con platos típicos y las vitrinas abiertas, para que sus muertos respiren el aire de los alimentos y “se sirvan”, si así lo desean. Según otros mitos populares de la isla, los antepasados vienen por la madrugada y esconden la canasta en los lugares menos imaginados, dejando las bebidas y sólidos casi intactos, pero sin aroma ni sabor.

Siempre he pensado que el valor intrínseco más importante de los mejicanos y de cualquier pueblo es el orgullo y la prolongación o preservación de sus tradiciones. Sólo quisiera añadir que nuestros antepasados son parte de esa mochila en la que transportamos nuestro bagaje cultural. ¡Feliz Día de los Muertos!