La abuela: la mano amiga que nunca te soltará

La abuela: la mano amiga que nunca te soltará

Edición:@LinaScarpatiManotas

Tiene 95 años, el cabello blanco y las huellas del tiempo se notan en su piel, su mirada sigue siendo la misma que recuerdo. Ahora algo agotada,  en ocasiones no me reconoce pero  en el fondo de su corazón sabe que nos une un lazo muy fuerte,  “Se que eres alguien de mi familia, pero no me acuerdo”, así me dijo hace siete meses, la última vez que nos vimos.

Ella es Blanca Oliva Alsina Alsina, mi abuela nacida en Ocaña, un pueblo del Departamento de Norte de Santander (Colombia), la mayor de 3 hermanos, criada en el seno de una familia humilde y que a temprana edad supo lo que era emigrar al Banco (Magdalena), en la costa norte colombiana, debido a los conflictos derivados de la violencia política en su lugar de origen,  Ahí conoce el amor por partida doble, aunque en ninguno de los dos casos tuvo final feliz, pero si su mejor regalo: cinco hijos, su motor de vida. Las vueltas del destino la llevaron posteriormente a Cartagena de Indias y Barranquilla, ciudades del Caribe que por aquella época prosperaban y podían ofrecerle nuevas oportunidades.

Lina Muñóz con su abuela materna. Foto, colección particular

Con ella aprendí tantas cosas: a lavarme las manos al llegar de la calle, recoger mi habitación, comportarme correctamente cuando teníamos visitas, a respetar el sueño de los demás, a lavar mi ropa, en fin, los deberes y el respeto que requieren la convivencia. Recuerdos que yo no olvido y que ella no recuerda. Los años han hecho mella en su cabeza y por mas que le hable y le mencione todas aquellas cosas que me enseñó, soy yo la que aprende a tener paciencia y en cierta manera a devolverle aquellos momentos que de niña me dedicaba.

Las abuelas son una imagen fundamental en la vida de un niño, no sólo por sus mimos y su cariño, sino porque su influencia traspasa generaciones, debido a los valores y aprendizajes que nos deja este vínculo. Hay expertos que aseguran que la función de la abuela materna es muy “particular”, ya que tiene responsabilidad directa con los nietos. Desde el punto de vista médico, la carga genética transmitida de la madre al hijo viene directamente relacionada con la de la abuela, se puede decir que es doblemente madre. De igual manera, en la mayoría de los casos, la abuela materna se involucra mucho más con el embarazo, parto y crianza de sus nietos. La importancia de esta figura es indudable para la mayoría. Quizá no sabemos qué heredamos de nuestras abuelas, pero su presencia es muy valiosa.

Según la Dra Paulina Redler, psicoanalista argentina, para las abuelas “tener un nieto y amarse a través de los nietos” , coincide con una etapa de la trayectoria de vida en la que se producen importantes pérdidas (viudez, jubilación, enfermedades, etc.) que obligan a una reorganización psíquica y relacional (emocional). Cabe destacar, su rol en la transmisión del conocimiento generacional del pasado, los orígenes; dar sentido al valor del patrimonio familiar y estabilidad. A su vez mantienen una relación con los nietos menos tensa por las relaciones de autoridad que éstos mantienen con sus progenitores. Las abuelas están en mejores condiciones de escuchar, comprender y sostener a sus nietos en ocasiones que sus padres no pueden hacerlo. Juegan un papel esencial en el proceso de “transmisión intergeneracional”, proceso ligado estrechamente al de la construcción de la identidad.

La estructura familiar a nivel mundial ha evolucionado, las abuelas de hoy no hacen galletas sino que las compran. Tampoco esperan sentadas en la mecedora a que lleguen los nietos. Suelen ser más juveniles que antes porque tienen una vida más activa. Ahora van a bailar, a la universidad, de viajes con los jubilados, aprenden de las nuevas tecnologías: wasapean, se hacen selfies y tienen amistades en el Facebook. Y además cuidan a sus nietos. Aunque no todas puedan participar de estas actividades, porque dependen de los horarios laborales de sus hijos.

En España, el proceso de incorporación de la mujer al mercado laboral se ha producido tarde, así que las abuelas de los últimos 30 años, las mismas que dejaron de trabajar al casarse, se han convertido en la tabla de salvación de sus hijos, para que estos puedan desarrollar sus expectativas profesionales.

La autora con la abuela Blanca Alsina. Foto, colección privada.

En ocasiones y con el paso de los años, las abuelas siguen asumiendo responsabilidades y cargas familiares superiores a lo que su capacidad física y mental pueden soportar. Esto se debe al excesivo sentido de la responsabilidad y el pudor, se obstinan en negar y ocultar su propio agotamiento y se empecinan en seguir haciendo más de lo que pueden, para no molestar o defraudar a sus propios hijos, que delegan en ellas demasiadas cargas familiares. El sobre esfuerzo prolongado puede provocar o agravar diversas enfermedades, que no curarán adecuadamente hasta que sus propios hijos sean conscientes y liberen a la abuela de su “voluntaria esclavitud”. Esto se conoce desde 2001 como “Síndrome de la Abuela Esclava” (Pandemia del Siglo XXI. Antonio Guijarro Morales).

Este mes celebramos el Día de la Madre y nuestras abuelas o” yayas”( palabra de origen catalán pero extendida en casi toda España en los últimos treinta años), también se merecen dicha celebración, porque siempre cuidan de sus nietos y sus hijos, no importa la situación que tengan, son esa mano amiga que nunca te soltará, que han recorrido un largo camino y aún en el final de sus vidas, su único deseo es ver a su familia feliz .Aquellos que todavía tienen la suerte de tenerla a su lado, deberían agradecer diariamente su presencia.Aun tengo el privilegio de tener a mi abuela, aunque nos separe un mar de distancia y su memoria no esté muy clara, siempre la recuerdo con su hermosa sonrisa y su mirada llena de alegría y nostalgia al verme llegar y partir.

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