Una travesía hacia el Feminismo

Una travesía hacia el Feminismo

Cuando leí por primera vez a Marvel Moreno encontré algo que, sin saberlo, andaba buscando desde que entré a la universidad: una identidad.  No se trataba sólo de saber quien era en ese momento, si no de lo que quería ser en adelante. Siempre tuve claro que quería escribir, y aunque no sabía por dónde empezar, y me sobraba mucha inseguridad, e incluso mucha ingenuidad, leer a Marvel fue la mejor manera de enterarme que quería contar historias propias, que fueran realmente mías, abordando ese universo femenino que por primera vez descubrí, tan complejo y cercano, leyendo sus primeros cuentos. Ella había desnudado Barranquilla ante mis ojos para para darle voz a mujeres frígidas, ricas, desdichadas, pobres, maltratadas, sirvientas, infelices, con el Carnaval en la calle y la procesión dentro de casa.  Pero, sobre todo, me atraía ver que había logrado dar a los hombres roles secundarios, o mejor, había puesto en su sitio a los opresores y a los caballeros de brillante armadura.

Marvel Moreno. Escritora de Barranquilla, reconocida en el mundo por su prosa larga y compleja, cargada de Feminismo y Psicoanálisis.

Yo aún no sabía qué era el Feminismo, ni sabía que Moreno era una militante literaria que, se había marchado a París en 1968, pero entendía que ese ejercicio radiográfico de la ciudad que había elaborado en su primer libro de cuentos Algo tan feo en la vida de una señora bien denunciaba, sin lugar a dudas, la sociedad machista que le tocó vivir.  En contrapartida, el escándalo de la denuncia fue tapiado con el olvido, conseguir uno de sus libros era toda una proeza y la biblioteca de la Universidad no dejaba en préstamo ninguno de sus ejemplares por miedo a perder lo que quedaba de su memoria.  Así, cuando conocí a Marvel, apenas a un año de su muerte, la noticia de su existencia estaba a punto de desaparecer, llevándose consigo el eco de una obra inacabada y desconocida para la ciudad que la había parido.

Su obra fue tan impactante para mí, que ella inspiró mi primer guión, un corto que se perdió con el moho que carcomía las antiguas cintas de SuperVHS, y no volví a saber de Marvel hasta que me topé de frente con su segunda publicación: El encuentro y otros relatos, una constatación de que ser mujer es difícil en cualquier parte del mundo, y no sólo en Barranquilla. Sin embargo, aún no entendía que la obra de Moreno fuera feminista hasta que empecé a leer sobre las luchas de las mujeres por la igualdad y la dignidad, porque a diferencia de otras estudiantes europeas que compartían la clase conmigo, yo no había leído nunca Una habitación propia de Virginia Woolf, ni tampoco a El segundo sexo de Simone de Beauvoir, mi único referente feminista me lo había dado Marvel, quien había remado hasta la otra orilla con sus palabras para devolverle a Barranquilla esas historias que le había prestado.

Vriginia Woolf. Escritora y editora inglesa, autora del primer ensayo feminista: “Una habitación propia”
Simone De Beauvoir. Filósofa y escritora. Su obra “El segundo sexo” es un icono del Feminismo.

Cuando llegó el momento de leer En Diciembre llegaban las brisas, hacía cuatro años que vivía en Barcelona, cuatro años sin volver a mi ciudad. Para ese entonces, ya había devorado toda la biografía y la producción académica que se había publicado en Francia, Italia y Colombia sobre Ciudad, Feminismo y Psicoanálisis en la literatura de Moreno, y a veces fantaseaba con la idea de hacer como ella y no volver nunca más a Barranquilla. Pensaba que sus palabras me arrastraban a su mismo destino, el que ella decidió cuando se instaló en París para no volver jamás, pero, en realidad, me conducían hacia el descubrimiento del Feminismo como una parte fundamental de mi identidad femenina, la que apenas pude incorporar en mi vida cuando me fui de Barranquilla. 

Casi 20 años después de mi primer descubrimiento, sigo sintiéndome una principiante en el Feminismo, perdida entre la teoría y la práctica.  Enfrentada como estoy ahora, al reto de hacer del género un eje transversal de las formaciones que hago, migrada y discriminada muchas veces, trato de entender, desde mi perspectiva y experiencia todo lo que ello implica. Quizá, por eso, hace mucho tiempo no sentía tanta expectación por un 8 de Marzo, no esperaba ser felicitada, sino reconocida a través de los reportajes especiales sobre las mujeres que deberían ser incluídas en los libros de Historia, sobre las académicas más destacadas, los datos sobre la brecha salarial que aún nos separa de los hombres, un cubrimiento a fondo de la huelga de hambre de las mujeres que acamparon en la Plaza del Sol de Madrid pidiendo humanidad para los hijos de las víctimas de la violencia machista, esperaba… esperaba tantas cosas que no me alcanzaría el día para leerlo todo.  

Pero, entonces, el día cerró con manifestaciones en todo el mundo, algunas multitudinarias como la de Madrid o Barcelona, y algunas mortíferas como, la huelga que acabó en incendio en Guatemala, donde murieron calcinadas 40 niñas del Centro de Menores “Hogar Seguro”. Todas estas historias no llegaron a estar en portada al día siguiente, ni aparecieron en las noticias, porque esa misma noche toda la ilusión por el Día de la Mujer había terminado. La mañana del 9 de Marzo todo el interés por la igualdad de género, las luchas de las mujeres, en el trabajo y en el hogar, por la invisibilidad de sus logros, el techo de cristal, por la LGTBIfobia, la Islamofobia y todas las fobias que nos acechan, había desaparecido.  Ya poco importábamos, antes de acabar el 8 de marzo, los medios y las redes se veían eclipsadas por la histórica remontada del Barça en la Champions, un hecho heroico considerado “de interés mundial”.

No faltará quien diga que efectivamente una batalla ganada en el fútbol europeo le gana la portada a cualquier tragedia en Guatemala. ¿Qué pensaría  Marvel de todo esto? Su lucha la libró desde las letras y los libros, viviendo los albores de Mayo del 68 en París, pero sin poder volver a Barranquilla para compartir sus relatos con otras mujeres que, probablemente, pensaban como ella. Yo aún me identifico con la Marvel Moreno de los primeros cuentos, y no porque quiera escribir como ella, sino porque entiendo que, treinta años después de publicados, la situación para nosotras ha cambiado muy poco, en Barranquilla y en el mundo, así que busco cualquier excusa para hablar de lo que somos, de lo que sentimos, del esfuerzo que aún tenemos que hacer para ser visibilizadas. Mientras tanto, otras mujeres siguen sintiendo miedo de expresar su opinión, o a decir que están de acuerdo con lo que aquí digo, porque seguimos en desventaja.  Les da miedo ser llamadas Feministas, como si eso significara ser menos mujer, ser menos femenina, o como si fuera una enfermedad. El Feminismo no sólo busca nuestra indignación para combatir el machismo, sino nuestra dignificación como personas, busca la justicia para las víctimas de la violencia de genero y la igualdad salarial que merecemos y que aún estamos lejos de conseguir si no intentamos trabajar juntas por estas causas.

 

 

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