Se me olvidó! Cómo se dice?

Se me olvidó! Cómo se dice?

Alguien dijo una vez que la mejor manera de comprender un pueblo es conociendo su lengua,  modismos e historia. Debo admitir que mi abuelo se tomó muy a pecho este slogan, porque siendo italiano y habiendo accedido a estudios universitarios, por una razón desconocida jamás enseñó su propia lengua a mi padre y a ninguno de su descendencia. Yo diría que cometió un error aterrador o como se diría en italiano: terrificante. Un error común en esa época porque la gente no sabía del legado cultural que le negaba a sus descendientes. Y en mis remotos orígenes mediterráneos comienza indirectamente mi travesía lingüística.

Un día, mientras aún habitaba en Colombia, un funcionario del gobierno italiano me dijo: “Una persona con un nombre tan italiano como el suyo, ¿cómo es que no habla nuestro idioma correctamente?” En ese momento, sentí una inmensa vergüenza y no tuve otra que admitir que no había aprendido el italiano con disciplina por simple descuido. En aquel entonces, aún trabajando en Colombia para una fundación italiana, escribía  los e-mails en un inglés  que escasamente entendían mis colegas de ultramar, ya que  en el Sur de Europa  aprender lenguas extranjeras, sobretodo las del Norte del continente(inglés, alemán etc.) es aún todo un desafío.  La  mejor parte de todo, es que no imaginaba que dentro de muy poco tiempo, aprender italiano sería cuestión de mera sobrevivencia.

La inmigración, más allá de ser un viaje físico, pone a prueba nuestra oralidad y por consiguiente, las dinámicas que derivan de ésta, sobretodo en el plano social. Para llegar al otro lado del puente y entrar a ser parte de un país no bastan los documentos, se necesita  dejar correr mucha agua debajo del puente y experimentar vivencias culturales, profesionales y humanas que sólo estaremos en grado de incorporar a nuestras vidas en el momento en que dominemos la lengua del país en el que hemos inmigrado. Aunque nos suene a frase  de instituto de idiomas, la gran verdad es que: La lengua es la  clave para entrar a  hacer parte de una  cultura.

Pero volvamos a mi experiencia, 2 años después de haber emigrado a Italia me convertí en bilingües y empecé a trabajar como escritora freelance de textos en italiano, trabajo que ha contribuido a contaminar y alterar, simultáneamente, el dominio de mi lengua nativa. E da questa situazione che sorge la mia abituale frase: Y es ahí donde emerge la acostumbrada frase: “Ehh.. Se me olvidó como se dice”… ya que a los bilingües nos está concedido de olvidar términos o palabras que no usamos frecuentemente, tanto en italiano como en español. Me sucede en ambos idiomas y en ciertas ocasiones me  quedo como si estuviese suspendida por segundos en una nube, mientras mi mente aterriza con un “click” y encuentra  la palabra adecuada. A veces me refugio en el inglés para sustituir lo inalcanzable, pero en más de una ocasión me ha sucedido de encontrar un interlocutor en modalidad “no english spoken” y es cuando todo se convierte en una  verdadera  exploración lingüística.

Cartillas en Español e italiano para aprender a leer y escribir. Foto, Lina Scarpati

Todas estas situaciones, no me han impedido continuar hablando en Español, de hecho, lo practico en cada oportunidad que se me presenta, pero sobretodo con mi hijo, a quien le enseñé mi lengua desde que comenzó a balbucear; sin tableros, ni tiza, ni método y aun en contraposición de su pediatra, quien sentenció: “El niño tardará en parlare (hablar), porque se puede confundir con los dos idiomas”. Por el contrario, mi pequeño hablaba  italiano y español a los dos años, quizás ayudado por mi inquebrantable voluntad de comunicarme siempre con él en mi lengua nativa, aplicando aquello que los expertos llaman bilingüismo aditivo, es decir, enseñándole el español para lograr un enriquecimiento cultural, en lugar de considerarlo como un “handicap”  o desventaja .

Me gustaría aclarar que la “lengua materna o nativa”  no se refiere a la que se habla en el país de nacimiento, sino al idioma de procedencia de los padres o madre.  En Italia persisten comunidades de inmigrantes que no enseñan su propia lengua a los niños. A eso se le llama  bilingüismo  sustractivo, osea darle más valor a una lengua que a otra, sustrayendo o quitando la lengua de origen de uno o ambos padres.

A lo largo de estos años he encontrado mujeres inmigrantes cuyos hijos desconocen el español, el portugués u otros idiomas del Este de Europa. Las razones son tantas: baja escolaridad del padre o madre, prejuicios de la familia paterna, escaso tiempo entre madre e hijo, pero sobretodo, la falsa “creencia” de que si aprenden correctamente el idioma de sus orígenes, éste les impedirá de asimilar correctamente el  italiano y, por consiguiente, no tendrán acceso a oportunidades dentro de la sociedad donde han emigrado. ¡Nada más equivocado!

Mi memoria ha seleccionado algunos episodios de prejuicio y apatía en torno al bilingüismo. Algunos, están distorsionados a través del cristal de la “dificultad” y otros, simplemente maquillan la pereza y el esfuerzo que implica educar un niño bilingüe. Como el de la brasileña a quien pregunté si le había enseñado el portugués a sus hijos y orgullosamente me respondió: “no lo hablan pero cuando los regaño en portugués.. ¡me entienden!” Me atrevería a decir que si  dejasen de relacionarlo con la represión, muy probablemente lo hablarían.  O el caso de la chica albanesa que se resiste a enseñarle a sus hijos su propio idioma porque es “tan difícil” que nunca lo aprenderían.  Pero, mi preferido, porque refleja con brillo y esmero la otra cara de la moneda es el de la japonesa, que siendo consciente de no tener tiempo y de escuchar  sonidos o fonemas lingüísticos tan distintos a los de su propia lengua, inscribió a su hijo de seis años en clases de japonés para que lo aprenda correctamente.  Ese niño llevará lo mejor de dos mundos.

Pienso que el país donde hemos emigrado no nos convierte en nativos por la simple razón de adoptar una nacionalidad, nos hace ciudadanos para que además de conocer el propio idioma, tradiciones e historia, le podamos aportar lo mejor de nuestra propia identidad, y es de  eso que trata el bilingüismo, ya que inevitablemente al hablar dos idiomas, podemos jugar con el vínculo de conexión entre ambos, transitando ese  pasaje o callejón que conecta ambas culturas, saltando esa sutil línea imaginaria que implica atravesar nuestras propias fronteras o límites mentales.

 

1 comentario


  1. De acuerdo en todos los aspectos!!! Como bien menciona el articulo la lengua o idioma es la clave para entrar a hacer parte de una cultura..y es cierto muchos de los que somos descendientes de inmigrante de una lengua distinta al español no se nos fue enseñado la lengua nativa de nstros antepasados…sino debimos aprenderlo a través de academias… por eso valoro que muchos padres bilingües implementen el “bilingüismo aditivo” en sus generaciones sucesivas

Comments are closed.