En la mochila llevamos nuestra historia

En la mochila llevamos nuestra historia

 

Me resulta esencial que aún existan personas interesadas en remontarse 100 años atrás en el tiempo, para indagar sobre su respectivo árbol genealógico. Nuestros verdaderos orígenes, los de muchas generaciones precedentes son el legado inmaterial más importante que poseemos. En mi visión personal nuestros antepasados son como columnas invisibles que enriquecen nuestra identidad y  sostienen nuestra  historia.  De ésta manera lo ha concebido Daniela Ramirez Ugolotti, escritora peruana y autora de la  novela “Todos Nacemos muertos” (2015),  cuya sagaz narrativa pone al descubierto la verdadera historia de sus antepasados italianos, colonos que se establecieron en el 1892 en el actual Valle de Chanchamayo, territorio ubicado en la selva amazónica peruana.

La escritora Daniela Ramírez Ugolotti, de frente al Océano Pacífico peruano, desde donde desembarcaron sus antepasados italianos. Foto, Colección Particular.

Y para contar esta saga, muy alejada de los tradicionales estilos de narración, nadie más indicado que una magistral voz narradora en primera persona, que coloca a cada personaje como protagonista en cada uno de los diez capítulos que componen el libro, donde la figura más emblemática es el personaje de Santa,  la tatarabuela de Ramírez Ugolotti. Una mujer con un nombre real que sin quererlo, simboliza el aguante y la lucha en medio de la selva a manos de un marido autoritario, los  padecimientos y las pérdidas (hijos, pais, costumbres, relaciones con su familia de origen etc:) en su duelo migratorio y  con quien inicia la travesía de “Todos Nacimos Muertos”; cuyo hilo conductor es precisamente la muerte, usada de manera simbólica para anticipar la evolución en la vida de cada  personaje femenino: “ he utilizado la muerte no sólo como deceso, sino también como idea de “muerte en vida”, en especial en los personajes femeninos, que son prácticamente objetos utilizados en función de los designios de otros”, explica Ramírez Ugolotti.

Desde el momento en que Angelo apareció todo se empezó a desmoronar. A partir de ahí, todo fue un engaño: el matrimonio, el viaje, la nueva tierra. Un fiasco. El anuncio se veía perfecto para lo que costaba: cien liras por un pasaje en tercera clase, pensión completa incluida, tierras a discreción y una comitiva del gobierno esperando. Nos mintieron, y ahora estamos aquí, aislados en este lugar que no reconozco, que me causa repulsión” . Así, describe Ramirez Ugolotti el rechazo de Santa, la protagonista, hacia la tierra que en forma de vientre desdichado cobijará su infeliz matrimonio, sus 14 hijos y madurará  los frutos para que la “chacra” o granja familiar  se convierta en  una de las plantaciones de café más importantes del valle de Chanchamayo.

Santa, Clarissa la curandera, Margarita y Carmen, cuentan la evolución de la mujer en la sociedad peruana en 163 páginas, escritas con un realismo matizado de ficción, avasallador y con una crudeza dignas de la inclemencia de aquel lugar. La novela  va  hilando magistralmente  otros relatos de vida, como el de Angelo, el patriarca aborrecido quien  llegará a vender dos de sus hijas en matrimonio a  Musalam, un rico emigrante apodado “ el turco” (en realidad, un cristiano copto de origen palestino), el único personaje que paradójicamente reivindica el género masculino en la novela y que aborda con dignidad el viejo drama de las niñas esposas. Musalam se casará con su cuñada Margarita, niña impúber de 12 años, luego de que la hermana mayor y primera esposa  de éste muera durante el embarazo: “ me miró a los ojos y me dijo: no te voy a devolver la plata, ya la invertí, pero ahí tienes a la Margarita, llévatela y cásate con ella. Yo me quedé paralizado, en ningún momento había pensado en la plata, y menos en casarme con otra de las hijas. Simplemente había ido a verlo con la intención de asumir mi responsabilidad y darle la triste noticia”,  narra Ramírez Ugolotti en la voz de Musalam, ante la propuesta descabellada del suegro Angelo de entregarle la hija más pequeña a cambio de no devolverle  la “dote” recibida por la hija fallecida.

Del personaje de Margarita se desprende la emancipación femenina en la novela, ya que Musalam la educará como si fuese una hija, contratando una institutriz privada en lugar de desvirgarla, para lograr consumar  muchos años más tarde el matrimonio. De esta particular ramificación de la familia nace Carmen, la primera mujer que hará carrera universitaria en la Lima de los años sesentas y quien a diferencia de todas las otras féminas de su estirpe, concebirá el mundo en términos de realización personal, librándose de la atadura que todas las demás han experimentado: un marido impuesto.

Pero la novela no es sólo desventuras, es sin quererlo, un documento de índole histórico y antropológico que nos presenta las miles facetas de la inmigración, algunas de las cuales, conocemos por simple experiencia personal: el añorar los sabores de nuestra tierra de orígen, la adaptación al clima, fauna y flora del país donde llegamos a residir y por supuesto, el tan ansiado sincretismo: la combinación de nuestras costumbres con las del país de acogida.

En “Todos Nacemos Muertos” ese sincretismo vivido por las generaciones posteriores, en particular por la autora,  viene narrado en personajes como Santa y  Clarissa la curandera, quienes harán uso de los rituales mágicos de los indígenas Asháninka  residentes en el territorio para curar enfermedades y aliviar dolores del alma. Así, la ficción añade el elemento sobrenatural y místico al proceso migratorio de algunos personajes, a manera de refuerzo para soportar los otros duelos o pérdidas. “Los italianos más bien rechazaron todo contacto con los indígenas, así que el elemento shamánico es más bien de mi cosecha. Yo soy producto de dos culturas, y el pensamiento mágico es algo que convive con nosotros aquí en América Latina, es parte de nuestro día a día. Utilicé el lenguaje del Ayahuasca para fusionar dos culturas que convivieron durante mucho tiempo en un mismo espacio. No me costó mucho, pues el pensamiento mágico religioso forma parte de mi vida”. Señala Ramírez Ugolotti.

Tengo que confesar que especialmente para quienes resultamos de un mestizaje de razas y nacionalidades, el mayor regalo que nos puede conceder la vida es tener el gusto de conocer los detalles de las gestas y travesías de nuestros antepasados, pero en particular de aquellas mujeres que hicieron posible la prolongación de las generaciones que conforman una respectiva saga familiar. En “Todos nacemos muertos” nos veremos todas indiscutiblemente reflejadas, desmitificando el hecho de que la muerte  es el fin, sino el pasaje más importante hacia el renacer en la vida de un ser humano, porque es indudable que al emigrar volvemos a nacer.

2 comentarios


  1. Interesantísimo articulo de la sinopsis de esta historia..! Es cierto, como denota la autora del articulo, quienes somos resultado de cruces de culturas nos resulta apasionante conocer los secretos y detalles de una historia de migración y como esta se entreteje en cada personaje!

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    1. Las migraciones son tan antiguas como hombres y mujeres en la tierra, lo llevamos en el ADN y nuestra sangre es fruto de muchas mezclas culturales que enriquecen nuestra vida, no hace falta cruzar el océano para migrar, o para tener que adaptarte a una nueva cultura, y a unas costumbres. Eso es lo maravilloso de las travesías, que al final, más que un viaje físico, es todo un descubrimiento personal y familiar, como en este caso.

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