Sabores de otoño que protegen mi salud

Sabores de otoño que protegen mi salud

Era un gélido noviembre del 2005, cuando conocí a una encantadora  mujer con un tonalidad rosácea en su piel, menuda y con acento del Pacífico ecuatoriano. Vivía en Italia pero había emigrado buscando trabajo y dejando sus hijos en su país de origen. Sus palabras me sonaron como  melodía sacada de un film ya visto:  “Usted no sabe cuánto le ha costado a mi piel este viaje”, señaló la  encantadora mujer. En aquel entonces, aún con pocos años de estar en este país,  había comenzado a advertir de  ciertos cambios que mi propia piel y cabellos habían padecido y que se hacían más evidentes apenas comenzaban  a caer las hojas rojas  de los árboles a finales de septiembre.

Otoño en Sant'Agata Bolognese. FlickR Giorgio Galletti
Otoño en Sant’Agata Bolognese. FlickR Giorgio Galletti

Personalmente, había comenzado a notar como mi cabellera negra  se dispersaba por las baldosas blancas de mi baño,  además de adquirir un enrojecimiento inusual en mis mejillas que aumentaba ante el frío y el calor. No sabía qué hacer… sólo confiar en un dermatólogo. Aprendí que salvo problemas hormonales, quimioterapias o uso de ciertos químicos, que no era mi caso, la mujer en  el Sur de Europa y en los países con estaciones experimenta una caída de cabello y una dermatitis en la piel del rostro durante el otoño. Entonces, me pregunté si  nuestro maravilloso follaje imita los árboles. Pero no, no somos un prado.

Según la Dra. Antonella Tosti, experta dermatóloga italiana de fama mundial,  nuestro cabello cae en otoño como resultado del exceso de sol tomado durante el verano. El sol actúa como un estimulador del folículo piloso, aumentando la grasa en el cuero cabelludo y produciendo  tanto caspa como un debilitamiento de la raíz de nuestra melena. Esa caspa puede generar  una dermatitis o inflamación de la piel facial que en muchos casos se  prolonga hasta finalizar el invierno.

¿Qué puede hacerse para responder a estos cambios estacionales? Ante todo, la alimentación y la prevención juegan un rol esencial. La ingestión de alimentos como el Té verde, los pescados azules del Mediterráneo -sardinas, dorada-, carne -para quienes siguen una dieta carnívora- e  isoflavones de soya. El Té Verde contiene catequina, un potente antioxidante que junto con el Omega 3 del pescado y el hierro de la carne constituyen un trío perfecto  a favor de la irrigación sanguínea del cuero cabelludo y de la piel. En Europa, los dermatólogos recomiendan  la asunción de integradores o capsulas a base de Soya fermentada,  presente en la dieta de las mujeres asiáticas cuyas cabelleras  han recibido por siglos el  beneficio de esta proteína vegetal . Evitemos también el pan blanco, fuente de levaduras que favorecen la aparición de dermatitis, involucrando panes de harinas de castaña, centeno, integrales y de  farro.

kaki italianos, fruta emblemática del otoño. Foto: Lina Scarpati
Caquis italianos, fruta emblemática del otoño. Foto: Lina Scarpati

Además de la alimentación, la información es un aspecto de primer orden. Según los especialistas en Medicina de la Inmigración, el cuerpo de los inmigrantes  asume una dinámica de adaptación que puede prolongarse  hasta por cuatro años y   los síntomas más evidentes aparecen entre el otoño y el invierno. Los huesos al igual que la piel están expuestos a una carencia de sol durante estas estaciones y por lo tanto, a una absorción inferior de calcio. Los integradores a base de Vitamina  D  son un válido aliado en este período, sobretodo para quienes viven en países con inviernos pesados.

Por lo que respecta al aspecto inmunológico, se debe fortalecer con alimentos inherentes a la  temporada  y mediante la asunción diaria o frecuente  de zumos de naranja, acerola, granada y la ingestión de  calabazas, sidra, manzanas y  caqui. Esta última fruta, de color naranja y  rojizo(variedad española), se encuentra tanto en Italia como en España, de pulpa azucarada es  rica en Vitamina C, betacarotenos y potasio, pero también es un válido aliado mineral en cuanto es rico de fósforo, calcio, sodio y magnesio, convirtiéndose en un suplemento importante para la alimentación. He querido tomar como ejemplo esta fruta, ya que aparte de ser la más emblemática del otoño del Norte de Italia, en mi caso,la asumo en forma de batido o licuado a base pulpa y leche, integrando las tradiciones locales con las de mi país de origen.

Es importante resaltar la necesidad de aprender a nutrirse en países con estaciones. Es básico! tanto para enfrentar los cambios climáticos sucesivos como para adaptarse a las exigencias de vitaminas, proteínas y calorías que el organismo requiere. Este aspecto se convierte igualmente en una clave de lectura que permite  entender la sobrevivencia en un territorio al cual no se pertenece totalmente, un espacio en el que se han plantado las raíces que con el paso del tiempo se fortalecerán. 

Las hojas de otoño han arropado muchas veces mis esperanzas, mis sueños,  coloreando de rojo carmín, naranja calabaza y amarillo las travesías de este territorio, el mismo que me ha regalado entre sus más intensas tonalidades y frutos: la vivacidad de la más bella estación del año.

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