Una familia especial

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Yoli y Fidel felices después de la adopción de sus tres hijos. Fotos Familia Arrioja.

La travesía de Yoli en Venezuela comienza un viernes a las seis de la tarde, cuando la llaman para decirle que habían encontrado a una familia de hermanos que encajaba con su proyecto de vida, con esa idea de familia que diseñas sobre el papel antes de enfrentarte a un proceso de adopción. En su condición de expatriada feliz, con la doble nacionalidad colombiana y venezolana, rodeada de amigos y familia, Yolanda Betancourt no conocía el duelo migratorio, y su único sueño, después de conocer a Fidel, era tener una familia. Así empieza un proceso de adopción que le ha llevado dos años de lucha y superación de sus propios miedos y fantasmas personales, porque en ese encuentro de padres e hijos, cada una de las partes lleva a cuestas su propia mochila.

El proceso de adopción en Venezuela, al igual que en otros países, conlleva un largo papeleo y espera. Yoli cuenta que ellos empezaron los trámites a través de una figura legal especial, la colocación familiar:  “es algo parecido a la familia de acogimiento, con la diferencia que se hace con niños de baja probabilidad de reinserción familiar, con los cuales adquirimos los derechos de adopción a los dos años de estar con ellos”. De ahí que la sorpresa de la llamada fuera mayúscula cuando en lugar de uno o dos niños, les ofrecían la posibilidad de acoger a tres hermanos de entre 2 y 9 años, unos niños muy sanos que sólo llevaban dos años en el Centro y no habían sufrido ningún tipo de abuso físico o psicológico en el pasado.  

 

La respuesta de los Arrioja debía ser inmediata, puesto que al día siguiente irían a conocer la Casa-Hogar donde vivían los niños, allí les contarían su historia de vida y les enseñarían unas fotos con el fin de decidir si aceptaban o no a los hermanitos. “Yo casi entro en un colapso nervioso, Fidel se agarró la cabeza, me dijo No, ¿estás loca?, ¿cómo se te ocurre?, ¿tres?. Pero bueno, nos abrimos a escuchar qué era. De hecho cuando empezamos los talleres (cursos previos al proceso de adopción) nuestro proyecto de vida era una niña de entre 0 y 3 años como todos…  llegas a hacer los talleres y empiezas a entender la problemática real de las casa-hogares, sólo en Caracas hay más de 3 mil niños institucionalizados, muchos grupos de hermanos, y tú empiezas a ser un poco consciente de cuál es la realidad… que no son los niños de la publicidad de Gerber, que son niños con un pasado, no bebés, niños grandes, grupos de hermanitos, que están esperando que una familia empiece a luchar por ellos”.

Y la lucha comenzó, desde ese mismo sábado de Julio en que acudieron a la Casa-Hogar, porque sin haber dicho una sola palabra, tal como les aconsejaron abogados y psicólogos, una niña entró en el despacho de la directora del centro mientras estaban reunidos, se acercó a Yoli y le dijo: “¿Tú eres la mamá de Yesi?”.  Ella no atinó a decirle nada, pero desde ese momento, y mientras escuchaba cómo la niña gritaba en el patio “Yesi, Yesi, es tu mamá”, sabía que ya era la mamá de alguien.  Pero, lo más impresionante para Yoli fue el día en que los conocieron por fin: “…de verdad tú sientes que son tus hijos, no sé cómo describirlo, es como si hubieran estado contigo desde el vientre, y algo que me impactó muchísimo es que los tres, desde que nos conocieron nos dijeron: Hola papá, hola Mamá. Eso fue amor a primera vista, porque yo creo que sí existe el amor a primera vista, que es cuando conoces a tus hijos”.

Cuando le pregunto por la primera vez que los niños fueron a su casa, Yoli se ríe, porque surgió de un día para otro, no tenía comida en casa y jamás le había comprado nada a un niño. Ese día se dieron cuenta de que su casa estaba muy expuesta, vivían en un noveno piso, lleno de ventanas y les daba pavor dejar a los niños durmiendo solos, así que la primera noche durmieron todos juntos. De esas primeras visitas, los niños lo que más recuerdan son los momentos vividos y como en un álbum de fotos, guardan cada una de las memorias que tienen con papá y mamá: el primer lápiz con el que pintaron juntos, el restaurante del segundo día, la tienda donde fueron a comprar sus primeros zapatos. Todo va surgiendo en sus conversaciones, ahora cotidianas, y con esas memorias van construyendo su nueva historia como la familia especial que son.

Sin embargo, el inicio de la convivencia fue duro para todos: “son tres niños grandes, entre más grandes son, es más difícil, ya no sólo su adaptación, sino la de uno como padre a entender qué hay en esa cabecita, en ese corazón roto. Llevo dos años, y todavía tenemos crisis por el tema del abandono. La chiquita es más fácil, es como una plastilina, que tú moldeas, es la más sanita de los tres. Los padres adoptivos somos, más allá de padres, como todos, somos terapeutas y sanadores, si no lo somos tenemos que aprender a serlo”.

Para Yolanda, traer los niños a casa significó también sanar sus propias heridas, porque durante este proceso su historia también se trastocó.  Si sus hijos venían de un duelo, ella pasaba por otro: había intentado ser madre con Fecundación In Vitro (FIV) y no lo logró. Además, Yoli es una hija de corazón, como lo son sus hijos, y confiesa que eso la ayuda a empatizar mejor con ellos: “Para mi decisión me ayudó el no tener ninguna duda que mamá es quien te cría, no quien te pare. Yeniré, mi hija mayor ama a mi mamá porque dice que es verdad que las mamás de corazón se quedan para siempre”. Para Yoli su mamá es Zunny, la mujer que se casó con su padre y crió sus cuatro hijos como propios. De hecho, en una conversación madre-hija, Yeni le preguntó si ya había podido perdonar a su madre biológica; sólo Yoli, aún sin haber vivido ni el 1% de lo que han pasado sus hijos, puede entender algo de la rabia, el odio y el desconcierto que les ha producido el abandono. Entonces, le explicó a Yeni que “el proceso del perdón es largo y muy trabajado”, y aunque la terapia le ha ayudado mucho, reconoce que los tres hermanitos han llegado a su vida para ayudarla a terminar de cerrar sus viejas heridas.

Ahora que se acaban los dos años de colocación familiar los Arrioja sólo esperan el momento de la adopción, la sentencia que dictamine finalmente que sus hijos se quedarán en casa para siempre. Le recomienda a otros padres que están viviendo este proceso que no dejen de luchar y que estudien, que lean mucho y se documenten para entender lo que pasa con sus hijos, y con ellos mismos. Hay mucha literatura en el mercado y en internet al respecto, sólo hace falta buscar y actuar.

Yoli piensa en Venezuela y mira hacia el futuro con expectación, con su familia grande y especial, no le gustan muchas de las cosas que pasan allí, pero cree y confía firmemente en su país, el único lugar que le ha dado la oportunidad de conocer al hombre de su vida y a sus tres hijos, todo en un tiempo récord. Es que lo suyo, es puro amor incondicional.

3 comentarios


  1. Hermosa historia, de amor y de valentía. Yoli desde que te conocí en los tiempos de Colombia Móvil siempre eras una guerrera, felicidades a ti y tu esposo por haber logrado esta familia y que los mantenga unidos por toda una vida. Un abrazo

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    1. Gracias Raúl, a nombre de nuestro Proyecto:Mujeres en Travesía por leer nuestro post sobre Yolanda, quien con su familia y experiencia, ejemplariza en manera contundente nuestra filosofía. Nuestro objetivo es narrar las historias de Mujeres, familias y personas llenas de coraje y amor.

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