El sueño de Heidy

Dra. Heidy Guzmán. Colección Privada

El día que llamé a Heidy, buscaba una entrevista con una psicóloga colombiana exitosa que me contara su historia. No imaginaba que de esa conversación pudiesen surgir respuestas  a los muchos interrogantes personales que me han acompañado  desde que llegué a este país y que desde hace un decenio, me habían conducido a pensar en la creación de un medio dedicado a la población inmigrante. La llamé pensando que sería una entrevista pero fue mucho más que eso. Heidy me abrió las puertas a dos conceptos relacionados a su vez con dos etapas, que había experimentado en mi proceso migratorio, sin aún concederles el término o nombre  propio designado:  El Duelo y  Sueño Migratorio. Dos fases que muchos de quienes nos leen han vivido, desconociendo y subestimando aquello a lo que se han enfrentado.

Pero antes de entrar en estos temas, deseo presentar a Heidy: nació en Colombia, pero muy joven se fue a hacer el High School  o secundaria en los Estados Unidos para luego volver a su país natal a estudiar Psicología. Cuando terminó sus estudios profesionales, regresó para quedarse definitivamente en Atlanta, y lo más importante que llevaba consigo era ese diploma de psicóloga que había guardado en una bolsa de radiografías -la misma que contenía la imagen de tórax que debía llevar a la cita para obtener la Visa de Residente en la Embajada Americana. “Mi identidad eran mis estudios”, afirma, porque Heidy había llegado a la nación americana con el propósito de ejercer su profesión, y reencontrarse con su madre después de casi 10 años de separación.  Sin embargo, se encontraría con un choque a nivel profesional que jamás habría imaginado.

“Tenía 26 o 27 años cuando llegué a Atlanta, traía conmigo una experiencia laboral notable en mi ciudad: había ejercido como terapista y trabajado cómo directora y profesora del departamento de idiomas de una universidad en Barranquilla y vivía sola.  Pero… no podía ejercer mi carrera en los Estados Unidos! Esto me llevó a vivir una especie de pérdida de identidad, de status y me di cuenta que la inmigración representaba un auténtico duelo, equivalente a lo que se vive y se siente cuando se pierden amigos, carrera, trabajo, familia, muy similar a una depresión.  A los tres meses  de haber llegado, no dormía ni comía, estaba desesperada por regresar”.

Sorpresivamente,  Heidy encontró trabajo como Counselor en un centro para adolescentes con problemas de drogadicción. Luego, antes de cumplir un año en el país, se postuló espontáneamente para la Latin American Association, la oficina más grande de Atlanta para inmigrantes hispanos. “Me postulé  y obtuve el cargo de Gerente de Departamento”. De ahí siguió una meteórica carrera de 12 años en el sector del Non Profit (asociaciones o fundaciones de trabajo sin ánimo de lucro en el sector social), en los que desarrolló importantes modificaciones en diferentes puestos de trabajo e instituciones.  Heidy aportó más de medio millón de dólares en becas para los hispanos, además de representar la Coalición Hispana de Georgia ante La Casa Blanca  y desempeñarse como  Asesora independiente en la introducción de la denominada reforma Obama Care.  “Hubo un primer grupo de líderes hispanos en la Casa Blanca, entre esos estuvimos cincuenta personas. Fui la única en representar al  Estado de Georgia, hablamos del impacto de la reforma de la salud y de los problemas en nuestra comunidad”.

Ph. Unsplash.  Del duelo al sueño migratorio

No obstante la importancia y el éxito de su vida profesional, Heidy intuyó que había abandonado su sueño: ser psicóloga clínica, esa era la perspectiva con la que partió de su país de origen.  Entonces, para retomarlo debía ejercer, estudiar nuevamente y realizar las horas de prácticas profesionales requeridas por el Estado donde reside. Así, Heidy recordó  lo que significaba tener un paciente de frente y descubrió que deseaba llegar al epicentro de su decisión al emigrar.  Analizó nuevamente la teoría del Duelo Migratorio que había estudiado  con el Dr. Joseba Achótegui (Universidad de Barcelona), el mismo duelo que  ella había vivido al inicio de su  proceso migratorio.

Durante el Duelo Migratorio hay tristeza, dificultad para conciliar el sueño, baja autoestima, falta de energía y concentración, todos los síntomas de una “depresión” están presentes y pueden permanecer hasta por seis meses. Si éste cuadro supera un período de un año, puede llegar a  diagnosticarse como una depresión  verdadera. Y muchos lo padecen, afirma Heidy:  “A diferencia de la muerte de un ser querido, momento de pérdida definitivo,  en el Duelo migratorio la pérdida es parcial, el país y tu familia están allá (en el país de origen), aunque la comunicación prosiga por aplicaciones, teléfono o redes sociales. Es como estar en dos orillas al mismo tiempo”. No adquirir conciencia de la realidad inmediata, conlleva a no detectar las potencialidades, ni entender la cultura del país de acogida, lo que significa perder la brújula del propio proyecto de vida  y por consiguiente fracasar en los objetivos fijados antes de emprender el viaje.

Con su tesis del Sueño Migratorio,  Heidy Guzmán completa el ciclo , dado que establece la finalidad del proyecto migratorio como una cadena que inevitablemente debe estar conectada con la motivación inicial que indujo al migrante, sólo así puede llegar a ser un proceso completo y próspero en todo sentido. “Todo inicia  con un Sueño o idea que nos transporta a otro país.  Luego viene el viaje físico, la migración, el  Duelo Migratorio, el proyecto de vida y al fin, el tan anhelado  Sueño Migratorio que se retoma; ya que todo debe terminar donde inició, es decir, llegar al  punto de vista de donde partimos”.

Actualmente, Guzmán ejerce como terapista en la ciudad de Atlanta, mientras recuerda: “Coloqué las escaleras del éxito en la pared equivocada, tuve que  bajar, y subir por aquella que realmente me  hizo venir a este país, humildemente”. Heidy conquistó su sueño de la misma manera que hacen  los atletas al completar la vuelta olímpica en el estadio, regresando después de una aclamada y rigurosa travesía al punto de partida.