Un acto de amor asisitido

Un acto de amor asisitido

Cuando decidimos tener un bebé, no sabía que me enfrentaría a un camino lleno de miedos, inseguridades, rabia e impotencia, tampoco que se convertiría en la mejor lección que me ha dado la vida.

Desde muy joven he imaginado mi futuro con una personita que fuese parte de mí y de mi universo para siempre. Hoy, tengo 33 años y puedo dar las gracias porque ella tiene siete meses y es una bebé sana que nació con ayuda de la Ciencia. Esta es parte de nuestra historia, y digo nuestra porque era un sueño compartido con mi pareja;  junto a él emprendí esta travesía que ahora también es la historia de nuestra hija.

Siempre he tenido el ciclo menstrual irregular, por lo tanto no sé cuándo mi cuerpo está ovulando. Después de un año buscando el embarazo, preocupada, decidí hacer una visita al ginecólogo para encontrar una respuesta. Me explicó que se trataba de algo normal en muchas mujeres con irregularidades en la menstruación y nos aconsejó acudir a la Reproducción Asistida. Los tratamientos más comunes son: la Inseminación Artificial (IA) y la Fecundación In Vitro (FIV).

Si se trata de una Inseminación Artificial (IA), se introducen los espermatozoides en el útero, de manera que la fertilización se consiga por sí sola en el interior de las trompas. En el caso de una Fecundación In Vitro (FIV), los óvulos ya sean de la paciente o de una donante, son extraídos del cuerpo de la mujer para ser fecundados en un laboratorio y  días después se introducen, lo que pasarían a ser los embriones, en el útero. En ambos casos el semen podría provenir de un donante.

Ninguna de estas técnicas, ni siquiera las más complejas, pueden garantizar un embarazo y algunas mujeres necesitan más de un ciclo de tratamientos para lograrlo. Mi caso es el de una mujer menor de 35 años, con buena reserva ovárica, ningún problema en el útero y buen pronóstico en general. Sin embargo, pasé por una Inseminación Artificial, dos ciclos cancelados por hiperestimulación -mi cuerpo respondía de forma exagerada a la estimulación ovárica y podría correr el riesgo de un embarazo múltiple- y por último tres Fecundaciones In Vitro.

En casi cuatro años de visitas a la clínica de Reproducción Asistida he compartido la sala de espera con muchas mujeres, todas con una historia distinta pero el mismo deseo: ser madres. La Organización Mundial De La Salud, indica que cerca del 20% de las parejas en edad reproductiva tienen problemas para tener hijos y acuden a la ayuda médica. Una realidad que algunas familias prefieren ocultar por evitar las opiniones de los demás. Tal vez por machismo, prejuicios religiosos o el desconocimiento general al respecto, hay quienes aprovechan la ocasión para lanzar juicios morales.

Durante una discusión sobre el tema, algún conocido llegó a argumentar que buscar un niño era un capricho de las parejas y que la sanidad pública no debería cubrir estos problemas, ya que si la vida no nos daba la oportunidad de ser padres tendríamos que resignarnos y aceptarlo. Incluso, he leído a personas jactándose por las redes sociales de acusar a quienes recurrimos a la Reproducción Asistida, de hacer algo antinatural y de ir en contra de “La ley de Dios”. Espero que no tengan que pasar años para que comprendan que un bebé nacido gracias a cualquiera de estos procedimientos médicos es, aunque con ayuda de la ciencia, fruto de la naturaleza y un milagro de vida.

Las probabilidades de éxito son cada vez más altas, pero si no hay confianza se hace más difícil conseguir un embarazo. La espera puede ser muy larga y desilusionante. Me sentía mal conmigo misma, no soportaba contar lo que me pasaba, ni que otros hablaran de ello, me daba vergüenza, creía que había algo malo en mí.  

Desde pequeña me había convencido de que debido a mi menstruación irregular, me iba a costar muchísimo tener hijos. Lo seguí creyendo hasta comprender que simplemente no había llegado el momento. Lo mejor es aceptar cuanto antes que la mente es nuestra arma más poderosa y que podemos usarla siempre en beneficio propio, nuestros pensamientos sí determinan nuestro futuro. Entendí que lo que estaba viviendo era necesario para aprender a ser menos exigente conmigo misma, más compasiva y aceptar que no había nada de malo en mí, nada de lo que avergonzarme. Me relajé, dejé de obsesionarme y permití que todo fluyera.

Ser mamá es el trabajo más inspirador del mundo, no he dejado de crecer como persona, como mujer, me he dado cuenta de lo fuerte que soy desde que inicié este camino. Animo a todos los padres que están en la búsqueda, a no tener vergüenza, a acudir a la ayuda médica si es necesario. Querer tener un hijo no es un capricho, es un acto de amor.

3 comentarios


  1. Felicidades nunca entendí porque se ocultaban estas cosas. Tengo amigas que jamás lo cuentan como si fuese algo feo. Cuando es lo más bonito y valiente que puede hacer una pareja enamorada. Te doy las gracias por ser mil veces más valiente que cualquier mamí..que nunca podremos ponernos en vuestros zapatos. .llenos de coraje y superación. Estamos tan contentos toda la familia que al menos yo..agradezco este detalle de compartirlo..puede ayudar a otras tantas casi madres.
    Un beso y gracias mil gracias. Mi sobrino y vos lo merecéis todo. Os amo. Muaaak

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    1. Gracias querida Elena, por leerlo y por tus palabras.

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  2. Diana, el equipo de Mujeres en Travesía, celebra tus palabras porque ellas representan ese arduo camino que has atravesado para llegar a ser madre. Gracias por compartir tus sentimientos con nosotras, estoy segura de que muchas personas que están pasando por esto, o lo han pasado en silencio, se han sentido aliviada con tus palabras. Y de eso se trata esta publicación!

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