¿Es necesario amamantar en público?

¿Es necesario amamantar en público?

Cuando me preguntaron si mi madre me había amamantado, no supe qué decir, no podía recordarlo, no era un tema que surgiera naturalmente en las conversaciones de mi familia. En realidad, yo no había visto nunca a mi hermana, a mi cuñada o a mis primas amamantando. Y no las culpo, a ellas su médico les recomendó dar leche de fórmula. Así que, como muchas embarazadas de mi generación, nunca tuve un referente familiar de lactancia materna y tendría que aprenderlo sola, con el instinto de natura y la matrona de turno*.

Biberón Alexandra o Killer (1920)
Aunque  la  leche  de  fórmula aparece en 1867, su verdadero auge se produce hacia los 50’s con la aparición de la mamila,   el tetero o biberón como lo conocemos hoy en día.

La razón de este fenómeno que vivimos hoy en día es que nuestras madres dieron a luz entre los años 50’s y 80’s, y se vieron influenciadas por la aparición en el mercado de la leche maternizada o leche de fórmula. Esta época también coincide con la segunda ola feminista, que entre los años 60 y 80 promovía romper la relación naturaleza-cultura, porque entendía los roles tradicionales de la mujer -ser madre, dar de mamar y quedarse en casa a cuidar de los hijos- como una construcción cultural del patriarcado que sólo concebía la naturaleza femenina dentro de la esfera doméstica.  Siguiendo a Simone de Beauvoir,  las feministas de la segunda ola consideraban la lactancia como “una servidumbre agotadora; un conjunto de factores -el principal de los cuales es, sin duda, la aparición de una hormona, la progestina- produce en las glándulas mamarias la secreción de la leche; la subida de ésta es dolorosa, va con frecuencia acompañada de fiebre y la madre alimenta al recién nacido con detrimento de su propio vigor.” (El segundo Sexo, 1949).

Así que, si las mujeres no querían amamantar, las farmacéuticas tenían la solución: una leche de fórmula de gran calidad y sabor avalada por los pediatras. Ahora era posible regresar al trabajo sin problemas y volver a ser independiente, incluso después de la maternidad.  Los medios de comunicación masiva, especialmente la televisión y las revistas de mujeres hicieron millones reproduciendo imágenes de mujeres guapas, ejecutivas y sin ojeras dando el biberón o la mamila a bebés rosados y hermosos. ¡Era perfecto!  

Sin embargo, el auge comercial de la leche de fórmula, que también llegó a África, generó  el estado de emergencia sanitaria y desnutrición que todos conocimos por televisión, y ello se debió al abandono de la lactancia materna en zonas donde el alimento escaseaba.  Así fue como la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó medidas para que las grandes farmaceúticas no pudieran lanzar publicidad que privilegiara el uso de las leches artificiales sobre la materna durante los primeros meses de vida.

Yo misma dando el pecho a mi hija con cuatro meses.
Yo misma dando el pecho a mi hija, cuando tenía sólo cuatro meses de nacida. Y lo hice durante casi dos años!

Existen nuevas corrientes feministas que buscan reconectar a las mujeres con su esencia, su naturaleza y su cuerpo, más allá de su sexo y otras construcciones mediáticas. Para ellas, llegó el momento de recuperar la casa como espacio femenino, y la lactancia como proceso vital después de la reproducción, porque como dice la antropóloga Ester Massó: “Ni el hogar es tan malo ni la teta es sólo doméstica” (2013). Quedarse en casa con los hijos es de nuevo una opción y dar el pecho es visto ahora como un derecho de la madre. Y ese derecho lo puede ejercer en público. No en vano las lactivistas, mujeres de La Liga de la Leche, que desde 1956 promueven la lactancia materna durante los primeros años de vida, han repoblado nuestro universo mediático de imágenes de madres amamantando a sus hijos.

A estas alturas está claro que la decisión de amamantar es personal e intransferible, y tanta razón tienen quienes escogen la leche materna como quienes prefieren la leche de fórmula. Sin embargo, democratizar un gesto natural que se perdió con la postindustrialización no está siendo tarea fácil, porque quienes quieren amamantar no tienen referentes familiares ni sociales cercanos, y se desaniman ante la primera adversidad, porque créanme, implica mucho esfuerzo y sacrificio, son muchas horas de dedicación y muchos los interrogantes.

Así que, si me preguntan: ¿es necesario amamantar en público? La respuesta es SÍ, es necesario, es la única manera de dar apoyo a las madres primerizas, es la forma de recuperar ese referente perdido, porque no sólo se trata de normalizar una cuestión vital, sino de recuperar una tradición cultural que perdimos hace años. Así las cosas, no me extraña que haya gente asqueada viendo mujeres amamantar en la calle, incluso mujeres que no lo soportan, como lo confesó una amiga una vez. No puedes aceptar algo que no conoces, que no has vivido y que no has mamado.

  

*matrona: término utilizado en España para designar el trabajo de  una mujer educada profesionalmente y que  trabaja en colaboración con las madres, para dar el apoyo, cuidado y consejo necesarios durante el embarazo, parto y posparto, para facilitar nacimientos bajo su propia responsabilidad y para proveer cuidado para el recién nacido y el niño.

 

3 comentarios


  1. Yo creo que lo que más le molesta a la gente – sobre todo a los hombres, lo siento – es ver en espacios y situaciones habituales una parte hípersexualizada del cuerpo de la mujer desempeñando una función natural y que nada tiene que ver ni con la comercialización ni con su deleite. En fin, nuestros cuerpos libres molestan.

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    1. Nuestros cuerpos molestan y han sido siempre objetivo de la colonización en todo sentido. La libertad de alimentar un hijo en público no tiene nada de obsceno, como a nosotras mismas en América Latina, nos indujeron a creer al no ver jamás ninguna mujer de nuestra familia hacerlo en un parque o en una plaza. Creo que la sociedad finalmente ha tomado conciencia de que es el acto más natural y exento de toda malicia. Pero sobretodo, está empezando a concientizarse de que la leche en polvo no puede seguir siendo un business. Son dos aspectos del argumento que contribuyen a montar toda esta “escalation” de falso de pudor y doble moral. Gracias por escribirnos.

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    2. Efectivamente, ese es el punto, por qué no le molesta a la gente la publicidad pornográfica o donde los cuerpos de las mujeres son sometidos al deleite de los hombres? Esta sociedad nos ha enseñado a aceptar como normal el cuerpo hipersexualizado de una niña en una pasarela o un concurso de belleza, pero no a entender que sin la lactancia materna habrá más alérgicos en el mundo, más cáncer, etc. Esa es tristemente la situación, gracias por leerlo, Francesca!

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